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Cartas a tu espíritu

Mi terapeuta me ha pedido que le escriba tres cartas a mi padre. Escribí tres poemas. Todos tienen un sabor un poco amargo, como a tristeza quemada. En Noviembre se cumplen veinte años de su partida, y su cumpleaños.

El dios del trueno

Hay una marca en la pared
La cicatriz abierta
El grito de la bestia herida
El lloriqueo de una niña

La imagen en sueños está teñida
Huele a muerte y hay una mujer triste
Pedazos de amor afilados
Dormir con los ojos entreabiertos

Eres el dios del trueno
Un Zeus inválido y enfermo
Tu amor es frío y denso como el barro
Flores secas en tu tumba

Ese día decenas de cristales volaban
Brillantes en el aire como luciérnagas
Usé su luz para iluminar el camino
Ahora estoy en mi propio inframundo

Una Perséfone infantil y aterrada
Viviendo entre memorias agrietadas
Jugando con almas tristes
Rodeada de belleza putrefacta

Eres el dios del trueno
Un Zeus inválido y enfermo
Tu amor es frío y denso como el barro
Flores secas en tu tumba

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El teléfono sonó muy temprano esa mañana

Si escribes una carta a un espíritu,
¿A dónde la envías?
¿Cómo sabes que la recibirá?
¿O si incluso la leerá?

“¡Qué pérdida de tiempo!”, pensó
Pero decidió escribirla de todas maneras
Lo imaginó sentado en una silla
y rodeado por decenas de libros

La pierna ortopédica
posando en diagonal a la silla
Llevaría unas gafas cuadradas
Su pelo estaría gris

Le contaría sobre el piso nuevo,
Las notas de la vecina,
Que el suelo de madera rechina,
y que el invierno es muy frío

“No, papá, no tendré hijos.
Si apenas soy capaz de mantener relaciones”,
y él sonreiría pensando:
“Mejor así, nadie en el mundo se merece a mi niña”
Egoísmo de padre, solo eso
Amor que no acaba nunca

“El trabajo bien, papá. Todo va bien.
Te quiero y te extraño. Escríbeme pronto”,
le exige dulcemente
despidiéndose

El padre dobló la carta
la guardó en el bolsillo
y se dijo:
“Mañana le escribo”

El teléfono sonó muy temprano esa mañana
Esa fue la última vez que estuvieron en contacto

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Me gustaba flotar en el agua

Me gustaba flotar en el agua
Cerraba los ojos y apretaba la nariz
Me empujabas hacia el fondo
Para hacerme volar alto
como un cohete enfrentado al sol

Levitaba en el aire por segundos
Minutos perennes como gotas en el tiempo
Una risa histérica, ahogada
De felicidad suprema
Niñez cristalina y conchas marinas

La vida se presumía azul
Y el atardecer rebotaba en la arena
Como cuando íbamos a nadar
¿Te acuerdas?
Soltabas las muletas
dando pequeños saltos hacia el mar

Me encantaba flotar en el agua
Porque el dolor se lavaba lentamente
Solía llevar el bañador rojo
Y jugaba con aquel flotador de caucho

Mamá tenía los ojos tristes
Los suyos eran como un lago
Verdes, plácidos, profundos
Pero la verdad
permanecía escondida

A pesar de lo largo del camino
Siempre había tiempo para comer
Era tu manera de querer
Con el calor de condimentos
y nuestras barriguitas llenas

¡Quién sabe que tormento llevabas por dentro!
La paciencia era poca
Dosificada en pequeños instantes
Cuando aparecía el monstruo
Todo se tornaba negro

Los ojos de mamá cambiaban de color
Ahora estaban amarillos
Como un animal asustado
pero listo para atacar

Después, todo volvía a ser como antes
Mareas de risas y sueños
La piel rosada por el sol
Mamá y sus ojos verdes
Papá y su bestia sosegada

By Cherry Adam

Moody experimentalist.
Hypersensitive & Noir moments
Freelance Journalist